Cómo el agua compartida transformó el olivar jiennense en referencia mundial
«La modernización del regadío en Jaén se ha convertido en una palanca de vertebración rural, creando empleo directo e indirecto.»
Pocas transformaciones han sido tan profundas y determinantes para el desarrollo de la provincia de Jaén como la que protagonizaron las comunidades de regantes ligadas al olivar. Juan Vilar, consultor estratégico para agricultura y agroalimentación, repasa como gracias a un esfuerzo organizado, hoy en la provincia andaluza disponen de una agricultura más eficiente, capaz de optimizar cada gota de agua en un contexto de sequía y cambio climático, y con un territorio que ha sabido convertir el aceite de oliva en motor económico y de arraigo social.
Las comunidades de regantes de Jaén nacieron de una necesidad: asegurar agua en cantidad y calidad suficientes para un cultivo, el olivar, que sostiene a miles de familias. Frente a esa necesidad, la respuesta fue colectiva. Agricultores de distintos tamaños se organizaron en juntas de gobierno, asambleas y comisiones técnicas capaces de planificar inversiones, negociar con las administraciones y tomar decisiones pensando en el conjunto de la zona regable.
Este modelo ha demostrado ser económicamente sólido. La modernización de infraestructuras, balsas de riego, redes presurizadas y sistemas de telecontrol, ha movilizado inversiones importantes, apoyadas por las administraciones, pero lideradas y cofinanciadas por las propias comunidades.
La experiencia acumulada ha convertido a muchas comunidades de regantes jiennenses en auténticas escuelas de gestión: planificación plurianual, control riguroso de consumos, auditoría de costes y una cultura de transparencia interna que refuerza la confianza entre los comuneros. Todo ello configura un modelo organizativo y económico que hoy se mira con atención desde otras zonas de la cuenca del Guadalquivir y de España.
«Las comunidades de regantes de Jaén no se limitan a regar olivos; contribuyen directamente a la construcción de un relato de excelencia: aceites singulares, procedentes de un territorio que ha sabido combinar tradición y modernización»

Jaén es considerada la capital mundial del aceite de oliva y una gran referencia oleícola internacional, con cerca de 600.000 hectáreas de olivar y campañas que superan con frecuencia las 400.000 toneladas de aceite. Esta posición de liderazgo hubiese sido imposible de alcanzar sin el regadío gestionado por las comunidades de regantes, que ha permitido estabilizar producciones, mejorar rendimientos y dar un salto de calidad en el fruto que llega a las almazaras.
La disponibilidad de dotaciones, incluso en campañas restrictivas pero mejor planificadas, por ejemplo mediante estrategias de riego deficitario, permite que el olivar de Jaén responda con más resiliencia a sequías prolongadas y mantenga la continuidad de sus marcas en los lineales de todo el mundo.
De esta forma, las comunidades de regantes no se limitan a regar olivos; contribuyen directamente a la construcción de un relato de excelencia: aceites singulares, procedentes de un territorio que ha sabido combinar tradición y modernización, y que aspira a seguir siendo referencia mundial en un producto de altísimo valor añadido.
«Cuanto mejor se gestiona el agua, más competitivas son las explotaciones y mayor es la capacidad de afrontar nuevas inversiones.»

La singularidad de las comunidades de regantes de Jaén se aprecia en su forma de gestionar un recurso escaso y estratégico como el agua, en una provincia especialmente dependiente del olivar. Han impulsado la creación de balsas, el aprovechamiento de aguas regeneradas y la mejora de redes internas, alineándose con las políticas más avanzadas de eficiencia hídrica y transición energética.
Su estructura de negocio, basada en cuotas, tarifas por consumo real y reinversión sistemática de los excedentes en mejoras, genera un círculo virtuoso: cuanto mejor se gestiona el agua, más competitivas son las explotaciones y mayor es la capacidad de afrontar nuevas inversiones. El regadío modernizado se ha convertido así en una palanca de vertebración rural, creando empleo directo e indirecto, desde operarios de redes hasta técnicos de riego, ingenierías, empresas de energía y servicios auxiliares.
Ningún proyecto colectivo de esta envergadura se construye en solitario. Junto a los agricultores y sus juntas de gobierno han estado empresas que supieron ver el potencial de un regadío moderno aplicado al olivar y aportaron soluciones técnicas cuando el concepto de “modernización” solo se intuía.
Quisiera terminar este artículo con un recuerdo especial para quienes, cuando nada estaba hecho, se atrevieron a empezar. A los pioneros que imaginaron balsas donde solo había sed y alianzas donde otros veían límites, gracias por abrir camino. No solo levantaron infraestructuras; levantaron también una forma nueva de entender el olivar y el territorio.
Hoy recogemos los frutos de aquel esfuerzo silencioso y compartido.
A todos ellos, gracias.
Artículo de Juan Vilar, consultor estratégico en agricultura y agroalimentación
Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales y profesor permanente en excedencia de la Universidad de Jaén, Vilar también es director del MBA oleícola de la Universidad de Jaén y profesor invitado en San Telmo Business School. Además, es consejero de Caja Rural de Jaén, miembro del Consejo Social de la Universidad de Jaén, del Instituto Universitario de Investigación en Olivar y Aceites de Oliva y de la Cátedra Caja Rural de Economía, Comercialización y Cooperativismo Oleícola, ambos de la Universidad de Jaén, y del Aula universitaria Oleícola Innova, UNIA (Universidad Internacional de Andalucía).